/ 20.02.2018

Una tarde con la Danzonera Chamaco Aguilar

Los jueves por la tarde, la calle Manuel González, de la colonia Guerrero, se convierte en una pasarela de señores y señoras que desfilan su mejor ropa: corbatas, lentejuelas, zapatos pulidos y sandalias de tacón. Algunos llevan pareja, otros esperan encontrarla dentro del edificio número 171.

La procesión de señores coquetos llega hasta la taquilla del Centro de Convenciones Tlatelolco, una fábrica enorme en la que los trabajadores y el ruido de las máquinas fueron reemplazados por bailarines y música. La gente paga 25 pesos de entrada con la intención de pasar toda la tarde bailando, sólo se sientan en sus mesas cuando necesitan recargar energía con refresco y botanas.

A un costado del edificio hay una hilera de camionetas estacionadas, sus pasajeros son quince músicos que esperan las cuatro de la tarde para encontrarse con los bailarines. Del asiento delantero de la primera camioneta, se baja Alejandro Aguilar Torres, el Director de la Danzonera Jóven de México Chamaco Aguilar.

Debajo de su peinado impecable, el director comienza a hablarme de su orquesta, que con 63 años de trayectoria se ha mantenido en familia: “el primer director fue Emilio Aguilar Escalona, mi tío abuelo, el segundo fue mi hermano, Jorge Aguilar Torres, y en 1985, debuta Chamaco Aguilar bajo mi dirección”.

La tradición musical de la familia Aguilar se remonta a 1860, 19 años antes de que se creara el danzón en Cuba. “Mi papá fue tubista, solista de la Sinfónica de la Ciudad de México, mi abuelo tocaba la tambora, uno de mis tíos tocaba el violín, el otro el acordeón, el otro la trompeta y el otro el clarinete. Mis tíos abuelos forman parte de la música de mi población, de Melchor Ocampo en el Estado de México”, dice el señor Aguilar con orgullo en la cara.

A las 4 en punto, Chamaco Aguilar comienza su set. En lugar de cantar las letras de sus canciones, los músicos hacen coreografías mientras un animador le dedica frases alegres a la audiencia, los bailarines responden con movimientos pausados que le rinden homenaje al tiempo.

La danzonera joven

Que una agrupación musical fundada en 1955 siga haciéndose llamar la danzonera joven de México, es sólo comprensible al ver el efecto de su música en personas de la tercera edad, que cuando bailan danzón se despojan de los años que han pasado por sus cuerpos.

Rafael, que tiene 5 años viniendo a este lugar, se acerca a pedirme que baile con él. Su pareja de siempre no llegó y no se le hace fácil conseguir a alguien que aguante su trote. “Una vez le di unas vueltas a una señora y terminó en el suelo. No le puedes hacer tantos giros a las que están más grandes”, me cuenta riéndose.

“El danzón es la pasión que cada uno de los bailadores le va infundiendo”, me explica el señor Aguilar, que lleva años observando a los danzoneros desde la tarima. “Desde los 11 años me traían como ayudante, era el cargador. Aunque tocaba la trompeta, me ponían a armar los atriles, a armar el piano, a subir y bajar cosas”.

Cuando llegó el momento de incluir a la nueva generación Aguilar en la danzonera, el director de la orquesta encontró resistencia en su propio hijo. Como buen adolescente, el tocayo y descendiente del Sr. Aguilar no quería que sus amigos se burlaran por interpretar un ritmo para viejitos. Como acto de rebeldía, Alejandro Aguilar Jr. comenzó su carrera de compositor con música grupera y tropical, así que su padre tuvo que ponerse creativo para atraerlo al danzón: “en una ocasión le escribí un tema de los Beatles y le dije: ‘yo quiero que esto me lo hagas danzón’, y me hizo caso, ese fue su primer arreglo, tendría 16 años”.

Desde entonces, en cada disco de la agrupación hay un tema de Alejandro Aguilar Alcántara, el pianista, arreglista, compositor y director artístico de Chamaco Aguilar, cuyo amor por otros géneros musicales ha impactado el repertorio de la danzonera. “Tenemos un arreglo de la canción Triste Canción de Amor, del rockero Alex Lora; un arreglo de la melodía Hotel California, de los Eagles y uno del tema de Yesterday, del cuarteto de Liverpool”, me cuenta el Aguilar más jóven de la orquesta, quien ha compuesto más de 55 temas, uno de ellos premiado por el Centro Nacional de Investigación y Difusión del Danzón.

Antes de comenzar la entrevista, el señor Aguilar describió el danzón como “un amor, la belleza, la calidad estética”. Pensé que estaba usando palabras bonitas para impresionarme durante nuestra conversación, pero después de pasar una tarde rodeada por la sutileza del ritmo cubano, le doy la razón.

La música de Chamaco Aguilar es parte del soundtrack de nuestro documental Lingo Lilingo, baile que baile. Para ver a los danzoneros en acción haz click aquí.

Escucha las canciones de Chamaco Aguilar en este playlist o búscalos en Spotify.

Las fotos en este artículo fueron tomadas por Jorge Saim Hostos.